Ella está junto al coche blanco. El agua quieta del embalse refleja la luz.
La cabeza entre sus manos
Se inclina sobre el hombre. Su pelo claro cae hacia delante. Los brazos del hombre la rodean. Sus manos con anillos sujetan su cabeza. Los dedos se hunden en su pelo.
Los brazaletes rojos en sus muñecas brillan contra el rojo del bikini.
Ella apoya las manos en sus hombros. Sus nudillos blancos. La piel de sus brazos muestra tatuajes bajo la manga clara de la camiseta.
Sus cuerpos están quietos. Solo su respiración se mueve. El metal de su piercing umbilical reluce un instante.
Ella baja un poco más. La goma de sus calcetines blancos roza la tela oscura de sus pantalones.
Él ajusta el agarre. Sus palmas cubren sus orejas. Sus pulgares trazan una línea sobre sus sienes.
Ella cierra los ojos.
Un par de zapatillas deportivas yacen en el bordillo del maletero, abierto.
Él inclina su rostro hacia ella. Su barba corta roza su frente. Ella no se mueve.
Así permanecen. El calor del día se posa sobre ellos. Un minuto. Quizás dos.
Nada más ocurre.
Ella en el maletero
Ella se recuesta en el maletero del coche blanco. Sus pies en calcetines blancos descansan cerca de unos zapatos deportivos.
Él se queda de pie frente a ella. Sus brazos con tatuajes cuelgan a los lados. Las luces de sus anillos parpadean.
Ella mira el lago. No mira al hombre.
Sus brazos se extienden a lo largo del cuerpo. Los brazaletes rojos rozan la metal del coche.
Él se inclina. Sus manos toman su cintura. Sus dedos se hunden en la piel junto al rojo del bikini.
Ella cierra los ojos. Su respiración se hace más profunda.
Él la jala hacia sí. Su cuerpo se desliza por el borde del maletero.
Ella no se ajusta. No ayuda. No estorba.
Así termina el minuto.
| Al principio | Al final |
|---|---|
| Ella yace dentro del maletero. | Ella queda a medio salir. |
| Sus piernas permanecen dobladas. | Sus piernas cuelgan hacia el suelo. |
| Los zapatos deportivos reposan a sus pies. | Los zapatos deportivos siguen en su sitio. |
| Él se mantiene erguido frente a ella. | Él la sostiene contra su cuerpo. |
La goma del bikini rojo se estira. El metal de su piercing reluce.
Él la tiene ahora.
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Sus manos en su espalda
Ella se sienta sobre él. Sus piernas se abren a sus costados. Su peso lo mantiene en el suelo.
Sus manos están en su espalda. Sus dedos recorren las líneas de las tatuajes a través de la tela de la camiseta. Presionan. Sienten los músculos tensarse.
Una mano sube. Llega hasta su nuca. Sus dedos se entierran en el pelo corto. Lo empujan hacia arriba, hacia ella.
La otra mano baja. Se desliza por el costado. Sus nudillos rozan la hierba seca.
Lo que no suelta
Ella se mueve arriba. Un ritmo lento. Su cuerpo encuentra otro.
Sus manos no se quedan quietas. Una aprieta su hombro. La palma se aplana contra la tela clara. Los dedos se curvan, se clavan en el tejido.
La otra mano busca algo. Toca el cinturón. Sigue el borde de metal. Rasca la superficie ásperida de un jeans.
Ella se inclina. Su pelo cae. Roza su frente. Sus manos se juntan. Ambas en su pecho ahora. Lo sostienen.
Lo que cayó ahí
Las cosas llegaron a ese lugar por azar. Quedaron donde cayeron.
- Una moneda. Cayó de un bolsillo. Se hundió en la tierra blanda cerca de la rueda trasera.
- Un encendedor plateado. Rodó por el borde del maletero. Descansó sobre una piedra lisa.
- Una llave con un llavero de goma. Cayó al sentarse ella. Quedó bajo el arco de su pie, sin tocar el suelo.
- Un ticket de estacionamiento arrugado. El viento lo llevó desde el asiento. Se enredó en la hierba alta.
- La funda de unas gafas de sol. Se resbaló del salpicadero. Aterrizó boca arriba, abierta, junto a la sombra del paragolpes.
- Un tapón de plástico de una botella. Lo pisaron sin verlo. Quedó plano, pegado a la suela de un zapato abandonado.
Nadie las recogió. El movimiento continuó alrededor.
Sus manos bajan por sus brazos. Se detienen en sus antebrazos. Sus pulgares trazan los contornos de las tatuajes más oscuras. Pasan sobre la piel y la tinta.
Ella se endereza. Su espalda se arquea. Sus manos se deslizan de sus brazos. Sus palmas se posan en sus muslos. Sus dedos se agarran a la tela de los pantalones oscuros.
Sus brazos se tensan. Ella empuja. Se levanta un poco. Solo un momento. Luego vuelve a bajar.
Una mano se suelta. Vuela hacia atrás. Busca un punto de apoyo. Sus dedos encuentran el borde metálico del maletero. Se cierran alrededor del filo. Se aferran.
La otra mano sigue en su muslo. Aprieta más fuerte. Los nudillos se ponen blancos.

Boca arriba en el asfalto
Ella queda boca arriba.
Sus brazos caen a los lados del cuerpo. Sus piernas están abiertas. Los calcetines blancos apuntan al cielo. El borde rojo del traje de baño se ve oscuro contra su piel. Su pelo claro se esparce en el suelo.
Él se endereza. Se ajusta la camiseta clara. Se sube los pantalones oscuros. Sus anillos brillan un instante. Sus brazos tatuados se mueven con precisión.
Ella no se mueve.
Su mirada está fija en las nubes. No parpadea. Su pecho sube y baja con un ritmo lento. Su vientre, con el pequeño aro de metal, está quieto.
Él da un paso atrás. Mira hacia el agua. Luego mira hacia ella. Su sombra cae sobre sus piernas. La cubre por un momento.
Ella respira hondo. Los brazaletes en sus muñecas no suenan. Sus dedos se curvan ligeramente contra el asfalto.
Él se aleja. Sus pasos son silenciosos. Se dirige hacia la parte delantera del coche blanco.
Ella cierra los ojos. Permanece así. El motor arranca a lo lejos. El sonido se aleja.
Queda el sonido del agua.
Ella abre los ojos. Sólo ve el azul del cielo. Se queda mirando. No se incorpora. No cambia de postura. Sigue tumbada en el suelo del maletero. Así pasa el último minuto.

